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jueves, 26 de septiembre de 2013

Un autorretrato lingüístico que va y viene por las lenguas de los libros

Le pido a Tere Plana, la Tere, porque parla en catalán, un autorretrato lingüítico y ella nos va llevando de una lengua aotra, de un autor a otro.


Como, the times are changing, y yo quiero estar libre de toda atadura cuando sea lo del cambio: ¡ya! Se me ha pasado por la cabecita (que es cabezota) hacer un breve alegato (los elogios se los dejo a otros) de la cosa de la lectura.

¡Anda! Mira tú que el blog ande va a ir demanda un “autorretrato”.

Pues mirad por donde ¡Nor! Va a ser que ¡nor! Que estoy con unos pelos que ni salgo.

Hala pues, jóvenes y jóvenas:

A mi izquierda un libro amarillo –Kluge. La azarosa construcción de la mente humana-. Promete, como saben los del marketing que la lectura, como toda comida, entra por los ojos.

A mi derecha, un libro electrónico. Suena grandilocuente, ¿eh? Pues esta vez también va a ser que ¡no! Poco peso, poco precio, poco bulto, lo recuerda todo durante muchos días, semanas y en caso de no abrirlo, meses. Que uno o una puede, incluso, no querer leer.

Decirlo no está bien ¡comportaos! Pero hacedlo, dejad de leer cuando a vuestro lado haya nenes y nenas de cualquier edad a quienes queráis o sin querer –que tampoco hay que querer a todo el mundo- queráis que no vean la lectura como un secuestrador maligno que no suelta su presa bajo condición alguna.



Ahora no se quien era, pero era pintor de los buenos, sería Miró o Picasso. El sí me hizo el retrato, retrato lector y de altera gustos.
Pablo Picasso

Yo no me recuerdo leyendo desde temprana edad, no. Yo me recuerdo jugando con tierra haciendo surcos en medio de la calle –sin asfaltar, of course-, como caminitos para “bolas” –muchos años después supe que eran canicas-, caminos estrechos, poco profundos, con curvas y muy largos (no sabéis –o sí- como cuesta cavar sin pala).

Mujer en azul sentada en un sillón.
Pablo Picassso. 1949.
Colección privada, Nueva York
Pero el caso es que debí leer y debí continuar leyendo y un día, a los 16 años me dejaron un libro: Flush y recuerdo al perro a los pies de la joven enferma, supongo que la joven enferma –que pertenecía a la aristocracia inglesa- leía y yo seguí sus pasos –todos no- y leí lo que afirma Alicia sobre los juegos que no le gustan, lo que nos explica el Principito sobre lo importantes que son las esperas, lo del ojo del Gran Hermano que siempre vigila, supe todo lo que había en un Cajón de sastre, vi a un joven bajo la lluvia seguir los pasos de otro joven de sexo diferente y era una nivola –gente rara había ya y también-.[1]

Recuerdo los tipos de lecturas por los colores de los lomos de los libros. Cuando me tira la melancolía, si leo –que, os recuerdo, no es obligatorio-, son los de los lomos de colores (paso un rato con Jeeves o me voy a la primera agencia de detectives de África, puedo visitar al hermano de Lawrence con sus animales o me voy al British Museum que se hunde, como el resto de los mundos).[2]

Si me siento listilla y quiero fardar, voy a por los negros y allí me espera desde hace más de una década la postmodernidad, el Marina de los náufragos, Onfray y su no Dios y otro autor que me gusta aunque a veces se me escapa. No entiendo su surname y es que algunos, por hacerse los interesantes, son capaces de mantener su apellido, con lo fácil que resulta hacerlo fácil tirando de avatar.[3]

Lo de las entendederas me pasaba también con el cura de todas las religiones, altrament dit: Raimon Pannikar (Raimundo Pániker, originariamente Ramon Pániquer –esto sí que son lots of problems con la identity y no lo de ara amb el dret a decidir-), recuerdo con páni-CO sus Ensayos retroproyectivos, si pudiera gritaría hasta que me oyera por muy lejos que esté: ¡NO ENTIENDO NADA!

A mí lo que me gusta, lo que verdaderamente me gusta es HABLAR, pero para hablar uno debe saber qué quiere decir o, al menos, cómo juntar las palabra para que aunque no signifiquen gran cosa podamos medioexplicar si queremos, lo que queremos, cómo lo queremos, dónde y cuándo lo queramos.

Y es que esto del leer, como casi todo en esta vida, va de querer o no querer.

Bonita frase para acabar, pero no quisiera engañar-OS, jóvenes y jóvenas que pasaréis por aquí quasiempujados:

Esto del leer es, como casi todo en esta vida, cuestión de PODER.

#sesiente



[1] Flush (Virginia Woolf), Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll), El Principito (Antoine de Saint Exupéry), 1984 (George Orwell), Cajón de sastre (Camilo José Cela), Niebla (Miguel de Unamuno),
[2] Jeeves –varios títulos- (P. G. Wodehouse), La caída del Museo Británico (David Lodge), Las lágrimas de la jirafa (Alexandre McCall Smith), Mi família y otros animales (Gerald Russell).

[3] La herida de Spinoza (Vicente Serrano), Ética para naúfragos (José Antonio Marina),Tratado de ateologia (Michel Onfray), En el laberinto de la inteligencia (Hans Magnus Enzensberger)


1 comentario:

  1. ¡Excelente, Tere, impresionado me has...!

    Se te echa de menos.

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