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sábado, 24 de septiembre de 2016

El autorretrato de una Magamaestra

Autorretrato lingüístico de Magdalena

 Soy Magdalena Pastor Noguera, maestra jubilada dedicada durante más de tres décadas a la Educación Infantil y a la Dirección de centros educativos de Cartagena, en la región de Murcia, gracias a Mercedes Ruíz, también me sumo al día europeo de las lenguas.

Hace muchos  años mis padres vivían en una casa muy cerca de la playa en el Grao de Burriana, Castellón de la Plana, un pueblo muy bonito y del que guardo gratos recuerdos. Mis padres estaban muy ilusionados y querían que su primer hijo fuera una niña y aquí estoy yo.

          El trabajo de mi padre impidió que pudiera viajar con  mi madre a Mazarrón,  para que pudiera dar a luz en la casa que mis abuelos maternos tenían en el campo, mi madre fue atendida  y asistida por la partera o comadrona (actual  matrona)  y nací un 8 de Agosto en plena época estival, en el mes de  las cabañuelas, y creo que por este motivo me gusta tanto el campo y la playa.

Recuerdo un gran algarrobo en el centro de las casas, al que llamaban; el garrobo o garrofero y a su fruto la algarroba le decían garroba o garrufa, era el lugar dónde  se ponían todas las vecinas con sus sillas para charlar y descascarillar almendras, o hacer otras faenas o tareas, decían que estaban  tomando la fresca y charlando amigablemente. 

Recuerdo el olor al horno encendido  y todavía diferencio en mi  pituitaria el olor del pan amasado y del pan cocido, a los guisantes le decían pésoles, las alcachofas eran los alcanciles,  la playa era la praya, acostarse era ir al cine de las sábanas blancas, eran tantas las palabras diferentes que parecía otra lengua, hoy día casi inusuales, decían asín debes sentarte,  asín en lugar de así, palabras típicas del campo, palabras que eran utilizadas por esas personas curtidas, por el trabajo labriego, con muy pocos conocimientos lingüísticos, pero ricas en cultura popular.

Recuerdo que mis padres siempre me contaban que en unas habitaciones de la casa de mis abuelos paternos, en la Cañada Gallego estuvo la escuela,  las mesas del maestro todavía se conservan, mi padre guardó muchos libros con los que él estudiaba y de los que cogió la afición por las lecturas de las fábulas de Iriarte y Samaniego, poesías y cuentos, muchos nos los contaba cuando éramos pequeños, y al cabo de los años hemos descubierto  un cuaderno, en el que mi padre  ejercitaba su memoria, escribiendo muchos poemas y retahílas que aprendió de pequeño, es un cuaderno que conservamos con gran cariño. 

Bueno, continúo con mi viaje hacia Castellón, mi padre por su  trabajo no pudo conocerme hasta los 10 días, viajó  a casa de mis abuelos para conocer a su primer retoño y en aquellos trenes de asientos de madera, el correo,  regresamos a casa.

En Castellón, por lo visto fui muy retraída y tímida, una niña buena, que jugaba con los patitos que criaba mi madre y mi perro Titi. Allí empecé a hablar, a conocer palabras valencianas, como plorar, fora, filla, xiquet,  recuerdo unas frases que mi madre siempre las repite, cuando recordamos Castellón, la vecina del bajo decía, refiriéndose a mi hermano Agustín recién nacido que estuvo muy enfermo, “La meua filla en tota la nit, no ha tancat els ulls, i no ha pogut dormir, el xiquet de dalt s´ha passat tota la nit plorant”.

No puedo olvidar el refrán de la Candelaria, “Si la candelaria plora l´hivern está fora, si no plora ni dins ni fora”.

Así pasaron los años y regresamos a Murcia,  nos ubicamos en Cartagena  dónde nació la pequeña de la familia, mi hermana Gine, la dicharachera, la alegría  de la casa, la polvorilla, en Murcia decimos la alegría de la huerta…

Fui creciendo y mira por dónde cuando realizaba 5º de bachiller  realicé un reportaje  sobre las fotonovelas, tan en auge en aquellos momentos, sobre todo de Corín Tellado que era la más leída, fui  tomando notas  tanto en los kioscos como del público que pasaba por la calle. El argot de aquella época me encantaba, empecé a utilizar pequeñico,  bonica, y me di cuenta que había palabras que desconocía, aprendí a comerme las “s” finales, esa “s” aspirada, que hace tan peculiar el habla murciana, fui conociendo refranes cartageneros “eres más duro que las cortinas del Maíquez”, que era un cine cuyas cortinas tardaban muchísimo en abrirse y cerrarse, “Tengo las zapatillas rotas de tanto subir al Molinete para ver venir la fragata de mi Pepe”, los hombres se iban embarcados y decían una fecha de vuelta pero tardaban mucho más, y el Molinete, una de las 5 colinas, es un cerro alto  dónde se divisa  la entrada del puerto de Cartagena. También se decía  “dame una servesica”, sapato aladroque, icue, pico esquina, malasombra y muchas muchas palabras…


En aquellos años, una forma de diversión fue ir al cine de los Juncos, un cine abierto en un parque cerrado donde lo pasábamos muy bien y memoricé los anuncios de la época, "Espumoso, maravilloso siempre polvos takata", o la frase "el de la gorra que corra", se le decía al acomodador cuando tenía que salir corriendo porque algún grupo se estaba peleando.


          Así fui adquiriendo  mi bagaje lingüístico tanto en el colegio como en la calle y un día en la Universidad, me di cuenta que podía realizar juegos con las palabras  con un compañero y nadie nos ganaba; estudié Magisterio en la rama de  filología francesa  y lengua y literatura castellana, y mira por donde me veo aprendiendo nuevas palabras y un nuevo idioma. Me marcho a París con la alianza francesa y recuerdo la résidence dans le rue Jean-Jacques Rousseau, les crêpes, La Sorbonne, les Champs Élysées… las clases todas en francés, dónde todo eran conversaciones en diferentes representaciones como si estuviéramos en un bar, en un teatro, en un concierto… sigo utilizando palabras como chapeau, bonjour, bonsoir, au revoir, y recuerdo "Au pied de cochon", un restaurante típico francés. Recuerdo las canciones “ Chevaliers de la table ronde” o ”Poupée de cire, popée de son”, “Frère Jacques”, “Les marionnettes”, canciones que cantaba con los niños y niñas en las aulas.

Cuando regresé continué con filología hispánica de la que no me he separado.

Un día pretendí realizar mi tesis, que tengo abandonada y en uno de los cursos elaboré un bonito trabajo sobre gentilicios  árabes y mozárabes, cómo "Los Alcázares, Alhama, Aledo, Alcantarilla..." recopilados en un libro, Experiencias en la didáctica de la Lengua Castellana y la Literatura de Amando López Valero, Caridad Meroño Espinosa, Magdalena Pastor Noguera.

Fui evolucionando y en cierto momento de mi vida, tuve un superpoder; fuí MagaDalena, Maga de sueños, maga que con sus líos con las letras y las palabras sabía hacer algo que me llenaba de ilusión y alegría, conectar con los niños y niñas por medio de la voz y los gestos. Conocía a Dª Díriga (Mercedes Ruíz) con la que compartí experiencias emotivas con nuestros alumnos y compañeras, recuerdo a Pedro el único  maestro  de Educación Infantil de aquella época que estaba entre todas las maestras,  y en colaboración con nuestros centros,  formábamos parte de  en un gran seminario de infantil y primaria, como movimiento de renovación pedagógica.  y participamos  en las reuniones  y debates  del Libro Blanco  de Infantil.  Aprendí lo que era una siesta patriótica, en una escuela unitaria entre el horario de mañana y tarde  una compañera dormía la siesta tapada por la bandera.

La Maga transmitía emociones y sentimientos haciéndoles vibrar con cada una de las actividades que realizaban entre todos. Los niños y niñas eran libres y su imaginación y creatividad les hacía volar por un mundo mágico y creativo, convirtiéndose en grandes magos de sus propias experiencias, disfrutando y siendo felices.

Las palabras fluían como un juego dialéctico, y la maga podía jugar pronunciando las palabras al revés y en vez de bolsa mágica llevaba sabol donde guardaba todos los cuentos. Caperucita Roja era Tacirupeca Jaro, caracol col es colraca col, todos jugábamos con las palabras y utilizábamos los trabalenguas que había aprendido desde pequeña como recurso para desarrollar el lenguaje oral, "Una vieja virueja virueja", "La cabra cabratis", "La catatrepa", "Un clavo clavó pablito", "Un tigre, dos tigres, tres tigres", "El cielo esta emborregado o enladrillado"...Tantos y tantos trabalenguas que los niños y niñas podían memorizar e inventar, siendo las delicias de diversión segura, y así seguí avanzando en nuevos retos que iba descubriendo con los pequeños, cómo transmitir poesías y canciones populares, utilizando trenes de palabras para memorizar y vivenciar el vocabulario, lecturas en el aire para memorizar los versos y las estrofas de cada poema. La poesía, la literatura popular, el folklore nos invita a seguir avanzando en un mundo de Animación a la lectura y a la escritura.


En mi camino encontré eTwinning, sin saber idiomas, conocí compañeras  y compañeros de diferentes países con los que realicé varios proyectos colaborativos en diferentes lenguas, utilizando traductores y aprendiendo algunas palabras fui entendiendo  que las lenguas son importantes para comunicarnos y que se van entrelazando.

Podría estar hablando horas y horas, pero creo que eso es para otro momento, con estas pinceladas he pretendido hacer un autorretrato de una trayectoria que no ha finalizado y sigo descubriendo.

Fotografías de Magdalena Pastor Noguera
PizAp para retoque
Foto antigua de Cartagena del Grupo de Facebook; "Yo también fui al cine de los Juncos"
@magpano


3 comentarios:

  1. Qué maravilla, Magdalena. Realmente, eres una maga. Qué gracia me ha hecho eso de "el de la gorra, que corra". Nosotros, más gamberros, para llamar al acomodador gritábamos: "Ripoll, (así se apellidaba), ¡Que me violan!
    Buenos recuerdos y momentos emotivos. Eso evoca tu texto. Gracias.

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  2. Muchas gracias a ti José Luis por leerlo y me alegro q te haya hecho recordar al acomodador jejehe. Era muy divertida esta situación.

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  3. Muchas gracias a ti José Luis por leerlo y me alegro q te haya hecho recordar al acomodador jejehe. Era muy divertida esta situación.

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